Psicodélicos: Cómo dirigir un viaje hacia donde tú quieres
por yemeth




La primera experiencia "seria" que uno tiene con psicodélicos suele seguir cierto patrón: Una serie de contenidos que tienes enterrados en el inconsciente salen a la luz, y no tienes otra que enfrentarte a ellos. Cuando logras vencer, llegas a un estado de placidez en el que se producirá el descenso gradual del viaje. Bueno, eso si lo consigues. También lo puedes pasar bastante mal todo el rato, aunque solo he conocido un caso de esos y te lo esperas porque son personas que tienen cosas dentro que es mejor no hurgar.

Afortunadamente, la capacidad para librarte de tus propios condicionamientos que otorga la distorsión con la que percibes lo real, hace mucho más sencillo llegar a ese lugar en el que parece que estás percibiendo el mundo por primera vez, al haberte quitado de encima una capa traumática que te estaba impidiendo ver.

A veces parecería que este mecanismo consiste en una sesión de "psicoterapia acelerada", de la que podemos salir con nuevas perspectivas acerca de nuestra vida. Gracias a la oportunidad que se nos da para deconstruir lo que somos y aquello que nos rodea, vemos bajo una luz distinta los asuntos que nos afectan y la manera en la que estamos dirigiendo nuestras vidas. También es arriesgado; poner en cuestión toda tu vida y darte cuenta de que no es la que quieres tener, puede ser un terremoto y hacerte cambiar radicalmente de rumbo.

Librarse de la morralla que tiene uno a nivel inconsciente es muy sano, y cada vez más estudios científicos muestran que la cura psicodélica tiene resultados espectaculares ante problemas como la depresión. Pero no se trata solo de una medicina. Los psicodélicos van mucho más allá.





La imaginación solidificada

Podríamos caracterizar estas sustancias como unas que disparan y solidifican la imaginación, tal que pareciera que lo que somos capaces de imaginar "es" realmente, adquiere solidez, se vuelve tan real como lo que vemos ante nuestros ojos. En los niveles más fuertes vamos a hablar de visiones que pueden hacer desaparecer el mundo normal, de cambios y deconstrucciones de la propia identidad y sentido del cuerpo, de exploraciones de mundos que parecerían impensables y el acceso a estratos de lo real que desconocíamos... un abanico ilimitado de posibilidades, desplegadas como nuestra experiencia vital durante el viaje a partir de aquello que contiene y fabrica nuestro inconsciente.

Y aquí está la clave para dirigir una experiencia de este tipo: Que el responsable de fabricarla es nuestro inconsciente.

Esto significa también que si alteramos nuestro inconsciente vamos a poder programar nuestro viaje.

¿Cómo manipular nuestro inconsciente? Quienes estéis familiarizados con la magia ya conocéis la respuesta. Un mecanismo sencillo y que funciona muy bien son los sígiles básicos que son lo primero que se aprende a hacer en Magia del Caos. Una expresión de la voluntad codificada como símbolo y que se graba en el inconsciente, es el trampolín perfecto para que el viaje trate de lo que uno pretende.

Para mi el trabajo ritual “minimo” para un viaje consiste en un destierro (como un LBRP/RMDP), meditación preparando un sigil, consumo de la sustancia -personalmente prefiero psilocybe- dentro de un contexto ritual, y carga del sigil como parte también del ritual, quedando a la espera de que la sustancia surta efecto o continuando con procedimientos ritualísticos para reforzar la intención.

Hace muchos años vi hacer algo parecido a un chamán de ayahuasca. Nos indicó que pensáramos en el motivo del viaje, y que lo mantuviéramos firme en la mente mientras estábamos dentro. Además, antes de la toma de la ayahuasca hicimos una especie de meditación dinámica manteniendo el objetivo en la cabeza, que creo que precisamente hacía eso de introducir la intención a nivel inconsciente y condicionar el viaje.

En mi experiencia posterior, no resulta necesario tener en la cabeza el objetivo durante el viaje. La realidad que nuestra imaginación va a fabricar responderá por sí misma a la sugerencia que hayamos introducido en el inconsciente. De hecho, va a ser normal que la manera en la que nuestro inconsciente nos entregue lo que hemos pedido sea inesperada. Lo cual es bueno, ya que no aprenderíamos mucho de una experiencia previsible.

En todo caso, lo que es esencial es que nos "cale" esa indicación que queremos hacerle al inconsciente sobre lo que queremos explorar.

 


Plantas sagradas

También es importante la manera en la que nos aproximamos a la sustancia. Cuando los chamanes afirman que determinadas plantas tienen dioses dentro, no se trata simplemente de una creencia primitiva; tratar a la sustancia como algo sagrado, incluso con reverencia, es una actitud que nos va a situar en un estado mental propicio para llegar allá donde queremos llegar mediante el uso dirigido de la imaginación cuyo poder desata el psicodelico.

El viaje con sustancias psicodélicas tomado como una experiencia mágica o sagrada en lugar de lúdica, puede llegar a ser una experiencia realmente fuerte. No debe asustarnos la idea del "mal viaje", puesto que las experiencias que más exigen de nosotros van a ser luego las que más nos aporten.

También puede suceder que a pesar de tener el viaje programado visitemos otros lugares y maquinaciones del inconsciente. Se puede haber logrado la intención original del ritual y que la sustancia todavía esté activa (cosa que no es rara cuando hablamos de un viaje de varias horas), o en el peor caso es posible que tengamos contenidos de nuestro inconsciente con tantas ganas de salir que “tapen” lo que buscamos. Eso sería también un síntoma de que tenemos mucho que barrer en la casa antes de pasar a otras cosas, así que es también un trabajo que hay que hacer.

Inevitablemente, la magia requiere que hagamos un trabajo interno muy serio solucionando nuestros traumas y desequilibrios. Si nos saltamos ese paso, podemos desequilibrarnos todavía más. Existe además un mal bastante común entre la gente que abusa de sustancias alteradoras de la percepción con objetivos de tipo mágico/espiritual, y es que el ego se hincha hasta niveles estratosféricos porque confunden sus capacidades con la conciencia alterada con sus capacidades en unas condiciones normales cada vez peor atendidas.

El psicodélico tiene una cosa fantástica que es el abrirte puertas para las que necesitarías un trabajo interminable en condiciones normales, pero también tiene una contrapartida: El trabajo hay que hacerlo después del viaje, llevando a tierra lo que has vivido, y si te saltas eso y te metes otra y otra vez, puedes acabar perdiendo el control.

Si quieres ver cómo se te puede ir la cabeza a base de darle demasiado seguido sin hacer un trabajo de verdad, no tienes más que leerte el “Breaking Open the Head” de Daniel Pinchbeck, que te permite ver cómo poco a poco el autor va perdiendo pie a la vez que toma de manera cada vez más acrítica lo que encuentra en sus experiencias.

Como apuntes finales: Si no tienes experiencia suficiente con una sustancia en particular es mejor hacerlo con alguien que no tome nada. También procúrate a ser posible algún "antídoto", aunque sea para sentirte más seguro. Y trata de confirmar que la intención que vas a codificar es apropiada, utilizando alguna mancia como el Tarot. Pregunta si tu intención te va a aportar algo bueno, si estás en las condiciones apropiadas y si vas a salir bien parado del viaje. Y de no ser así no busques excusas: Déjalo para otro día, o replantea qué es lo que vas a hacer.