Assiah, Yetzirah, Briah: Tres guías para atravesar tres mundos
por yemeth




‘Cansada estoy de las Sombras’, dijo
la Dama de Shalott.


El Inconsciente se nos presenta como guía a través de tres aspectos o arquetipos. En cada uno de los mundos cabalísticos que debemos atravesar en el sendero iniciático, su labor va a ser ayudarnos a alcanzar el siguiente.

Así, adoptando la conveniente terminología de Jung al respecto, estaríamos hablando de la sombra, el anima/animus, y el Sí-mismo. Nos los encontraremos en los mundos de Assiah, Yetzirah y Briah, respectivamente. Aunque quizá no sea buena idea recurrir a Jung cuando se trata de hablar del Sí-mismo como guía, pues parecería que llegó un momento en el que Jung decidió que ya había tenido suficiente.


La sombra

El primer contacto con el inconsciente como guía, que toma una forma acorde con el arquetipo de la sombra, sucede al buscador no-iniciado en el mundo de Assiah (Malkuth).

El objetivo de la terrorífica sombra como guía, es abrirnos plenamente las puertas de acceso a Yetzirah (Yesod-Hod-Netzach), que también conocemos como “astral”. Con ese propósito inunda nuestra subjetividad con sincronicidades, haciéndonos así tomar consciencia de las corrientes astrales que atraviesan el mundo físico, que se forman a partir de los contenidos de nuestro inconsciente personal. Y aunque la del astral sea una puerta que ya en sí está entreabierta, esta iniciación es necesaria para establecerse en el segundo de los cuatro mundos.

La sombra representa los contenidos de nuestro inconsciente personal que reprimimos y proyectamos neuróticamente sobre otros; características negativas de las que no nos hemos responsabilizado. Para superar con éxito la prueba hemos de tornar la neurosis en psicosis, tenemos que “atravesar la fantasía”, operar satisfactoriamente la “forclusión del Nombre del Padre” en términos lacanianos. Una vez que esta sombra o Guardián Menor del Umbral nos deja pasar, tras ser arrastrados por las corrientes astrales que se nos han presentado como dioses omnipotentes, habremos retirado satisfactoriamente el velo de Qeseth, que nos separaba de Yetzirah.

“El horror que afronta todo quien se aventura en lo Invisible [...] ¿Se le condenará a vagar por los reinos de la ilusión? ¿Se le hará regresar a los planos de la forma? ¿O se le permitirá ingresar en la Luz?” -- Dion Fortune



Disposición del árbol y los mundos en la A.·.A.·.



Anima y animus

De un modo paralelo al trabajo con la sombra, el paso del mundo de Yetzirah al de Briah necesita otro guía. En este caso, se trata del inconsciente manifestado como anima/animus. Mientras que la sombra representa los contenidos del inconsciente personal que reprimimos y proyectamos neuróticamente sobre otros, para el post-psicótico que ha montado su base en Yetzirah el trabajo consiste en integrar la parte del inconsciente que en cuanto que poder personal es proyectada sobre otros como positiva y supone la esencia de su deseo sexual. Se trata de deshacer tal división y tornar los dos en uno.

Es decir, el acceso al mundo de Briah necesita -en términos clásicos- del equilibrio entre la parte masculina y femenina dentro de nosotros. ¿Significa esto que hay características verdaderamente “masculinas” y “femeninas”? No. Significa que en nuestra socialización hay cosas que hemos reprimido porque no se correspondían con lo que se esperaba de nosotros. Tales represiones son consecuencia de las normas sociales y culturales y de las estrecheces de la socialización de género.

El trabajo con el anima/animus, implica asimilar como parte de nosotros aquello que normalmente conforma la base de nuestro deseo sexual hacia los demás (¡recuerda que Yesod tiene una fuerte relación con la sexualidad!). Además de la relación con el anima/animus en el astral, parece ser común que haya una relación romántica involucrada. Habitualmente proyectamos nuestro anima/animus sobre nuestro amante, pero debemos aprender a separarlos, y este es el sentido de la Ordalía de la Sirena o del Vampiro. Más adelante, en una experiencia diferente una vez hayamos separado al anima/animus de nuestros amantes, tendremos que encarnarlo e integrarlo.

Este anima es también, al menos en el caso de los magos de sexo masculino, Hadit y la serpiente Kundalini, con las implicaciones respecto a la práctica mágica que ello conlleva. No solo se trata de dejar de proyectar al anima/animus en nuestros amantes, sino también de un profundo trabajo con este arquetipo en el astral, esto es, en Yetzirah.

“22. Soy la Serpiente que otorga el Conocimiento y el Placer y la gloria luminosa, y que anima los corazones de los hombres con su ebriedad. Para adorarme bebed vino y drogas extrañas de las que yo hablaré a mi profeta, ¡y emborrachaos! No os harán daño alguno” -- Aleister Crowley, Liber AL II - 22

Para unir consciente e inconsciente, hemos de superar la división y contradicción que simboliza la Torre. Este Arcano Mayor corresponde al sendero entre Hod y Netzach y separa simbólicamente a los sexos. Así, la unión de nuestro consciente con el inconsciente que representa el anima/animus nos permite abrir las puertas del mundo de Briah, esto es, hacia las sephiroth de Tiphareth, Geburah y Chesed.


El Ángel

La tercera forma que adoptará el inconsciente que ejerce como psicopompo permitiéndonos penetrar en los secretos de la realidad, es propiamente aquello que sistemas como la A.·.A.·. llaman Sagrado Ángel Guardián, aunque este término a menudo se utilice indistintamente para hablar de toda manifestación del inconsciente como guía.

Este uso liberal del nombre de Sagrado Ángel Guardián en la tradición occidental llega a ser tan amplio que al encuentro con la sombra a menudo se lo llama “Visión del Sagrado Ángel Guardián”, pero creo que acaba generando una confusión tal que sería mejor distinguir estas tres fases del inconsciente como guía. Ese es el objetivo de este artículo, pues todo esto lleva a menudo a la confusión de que tal “Visión” es el “Conocimiento y Conversación”, o que cruzar las terroríficas realidades que las corrientes astrales parecen hacer sólidas en el sendero que separa Assiah de Yetzirah es cruzar el Abismo que separa Briah de Atziluth.

En el sistema de la A.·.A.·., la primera tarea del mago que ha retirado el velo que lo separa de Briah es contactar con su Ángel, lo cual sucederá en este tercero de los cuatro mundos de la Qabbalah. Tal es la importancia que se concede a este contacto, que el propio grado que corresponde a Tiphareth se dividirá en dos: “Adeptus Minor (externo)” y “Adeptus Minor (interno)”, dependiendo de si ha obtenido o no el “Conocimiento y Conversación” de este guía que lo llevará al Abismo.

En ninguno de los tres mundos, Assiah, Yetzirah y Briah, parece ser capaz nuestro ser consciente de alcanzar por sí solo el mundo que hay más allá de su mundo. Se nos tiende una mano hacia el siguiente, y para avanzar debemos tomarla y superar las ordalías de nuestro iniciador personal.

Así, la sombra es el guía que manifestándose en Assiah nos ayuda a abrir las puertas de Yetzirah, el anima/animus es el guía que manifestándose en Yetzirah nos ayuda a abrir las puertas de Briah, y el Ángel es el encargado de conducir al mago desde Briah hasta el Abismo.

Ningún guía humano, ningún gurú, ninguna orden mágica. Nadie conoce mejor los entresijos de tu mente, nadie entiende mejor cuáles son los métodos apropiados para ti, nadie sabe mejor cómo guiarte en el sendero iniciático, que tu propio inconsciente.