La nueva Alicia (Cracky-chan)
por Schatten


Cracky-chan





¿Y si nadie puede entender por que duele no ser Ella?
Es simple, quizá sus ojos tengan algo que yo bajo los míos no tenga.
Palabrería en comparación aguda que propende al autoinsulto, a la burla, y al trenzado de lo propio como insuficiente mandato que se oculta.
La nueva Alicia me sonríe a la vez que llora, y sus labios parecen no tener fuerzas para gemir ahora. Solo caen en desconsuelo y amarga traición.
Los hombres dejaron de corresponder a los dioses hace mucho tiempo, y más aún a las diosas.

Ingente luz que hace cuadrículas en sus pupilas, blanqueza azulada en su joven y nacarada piel.
Nada se mueve, sólo ella en su gesto. Y puedo alzar la mirada y decir, ¡cae en mi pecho!.

La noche no alcanza al lápiz ni al lienzo, no vale con sólo estar aquí.
Y todo gira mientras la nada me curva como al ser de este mundo más viejo.

Crudeza en las formas de esa divina. Quién pudiera socorrer su alabanza.
Nadie que no tenga ya dentro su palabra.
Como nieve de árboles calados, vientos por mares agitados, onda de desnuda tierra, calla y cae a mi lado.
¿Por quién pudiera alzar la voz si no es por Ella? La nueva diosa nos sonríe sola.
Pero pálidas razones ciegan y lamentan.
Colócame las manos bien arriba para que el viento mi deseo reciba. Y selle el destino al que apenas acierto.
Puntas blancas asoman de su melena, torcidos gestos de una danza dura y seca.
Corramos tras ella, que la cordura tan pronto no se quiebra! Ni miedo ni pena. Tan sólo la diosa secreta.
Empequeñece a cualquiera, no por severidad, sino por la escena. Pues pocos andan siervos de la belleza. Quizá alguien haga, quizá nadie sepa.
Arrancar el ángulo al espacio y sostener el hilo con la cabeza.
Un ojo, dos, tres se acercan. Déjame ser lo que ella quiera. Déjame temblar y temer lo que me espera, con el temor del que se asombra y el temblor del que desnudo despierta.
Así me verá Ella.